Hay veces en que me pregunto el porqué de mi extrañeza, de mi singularidad.
Cuando era pequeña, acudía tan dulcemente al regazo de mi padre. Él me atendía cual hombre de acero, me engreía; buscaba complacer a un espécimen tan cruel como frágil, tan similar a él. “La vida es un regalo”, dije alguna vez. Pues, aquí estoy.
Sí, es cierto. Alguna vez me creí tan superior a los demás, cual diosa inteligente; divinidad que solamente tuvo por mucho tiempo ese toque de inocencia. ¿Es mala? ¿Qué es?
Conozco a muchas personas que desearán que estarían complacidos de conocer un alma pura. ¿Qué es pureza? ¿Directamente relacionado con la castidad? Llevo casi 5 años creyendo que yo tengo la razón; casi siempre. Espero no equivocarme, aún.
1.
- Mi papá me está esperando, dijo suavemente.
- ¿Me quieres dejar? -interrumpía esa bondad neta que adornaban sus ojos.
- Yo nunca te voy a dejar -concluyó. Y, con un beso temeroso, huyó.
2.
- Él me quiere. Estoy segura que me quiere. Él me quiere, ¿verdad que sí? -consultaba con mucha angustia.
- Si te ha dicho eso, debe de estar diciendo la verdad. Yo no sé. ¿Qué decían sus ojos? -confusa trataba de encontrar una respuesta.
- Me miraba fijamente. Por momentos, su mirada caía. Me miraba los pies. ¡Sí, sí! Estaba escondiendo su tristeza. Yo sé que él me quiere. Pero, papá, no me dejará...
- Papá nunca te dejará andar con hombres como él, y menos a tu edad. Estás cometiendo un grave error, Luisiana. Mejor, ya no lo veas -le sugería evocando mucha cautela.
- Papá me tiene que entender. ¡Él nunca me escucha! ¡Nunca nos explica nada! ¡Solo nos grita y nos esconde! ¡Yo! Ya encontré al amor de mi vida...
- ¿Qué vas a hacer, Lu?
- Me voy a ir, hermanita. Él me ama.
- ¡¿Qué?! –expresando mucha confusión.
- Pero no le digas nada a papá, por favor. Te lo imploro, Marina. Si papá se entera, me matará... - ¿Cuándo te irás?
Cuando era pequeña, acudía tan dulcemente al regazo de mi padre. Él me atendía cual hombre de acero, me engreía; buscaba complacer a un espécimen tan cruel como frágil, tan similar a él. “La vida es un regalo”, dije alguna vez. Pues, aquí estoy.
Sí, es cierto. Alguna vez me creí tan superior a los demás, cual diosa inteligente; divinidad que solamente tuvo por mucho tiempo ese toque de inocencia. ¿Es mala? ¿Qué es?
Conozco a muchas personas que desearán que estarían complacidos de conocer un alma pura. ¿Qué es pureza? ¿Directamente relacionado con la castidad? Llevo casi 5 años creyendo que yo tengo la razón; casi siempre. Espero no equivocarme, aún.
1.
- Mi papá me está esperando, dijo suavemente.
- ¿Me quieres dejar? -interrumpía esa bondad neta que adornaban sus ojos.
- Yo nunca te voy a dejar -concluyó. Y, con un beso temeroso, huyó.
2.
- Él me quiere. Estoy segura que me quiere. Él me quiere, ¿verdad que sí? -consultaba con mucha angustia.
- Si te ha dicho eso, debe de estar diciendo la verdad. Yo no sé. ¿Qué decían sus ojos? -confusa trataba de encontrar una respuesta.
- Me miraba fijamente. Por momentos, su mirada caía. Me miraba los pies. ¡Sí, sí! Estaba escondiendo su tristeza. Yo sé que él me quiere. Pero, papá, no me dejará...
- Papá nunca te dejará andar con hombres como él, y menos a tu edad. Estás cometiendo un grave error, Luisiana. Mejor, ya no lo veas -le sugería evocando mucha cautela.
- Papá me tiene que entender. ¡Él nunca me escucha! ¡Nunca nos explica nada! ¡Solo nos grita y nos esconde! ¡Yo! Ya encontré al amor de mi vida...
- ¿Qué vas a hacer, Lu?
- Me voy a ir, hermanita. Él me ama.
- ¡¿Qué?! –expresando mucha confusión.
- Pero no le digas nada a papá, por favor. Te lo imploro, Marina. Si papá se entera, me matará... - ¿Cuándo te irás?
- Hoy mismo, él me estará esperando en la puerta de la iglesia a media noche. Ya sé cómo llegar.
Reza por mí, hermanita. Te amo.
3.
Yo toqué la puerta. Marina me abrió. Descubrí sus ojos ya vidriosos. Las lágrimas no cayeron, pero para mí, ella me decía que habían escupido su orgullo.
3.
Yo toqué la puerta. Marina me abrió. Descubrí sus ojos ya vidriosos. Las lágrimas no cayeron, pero para mí, ella me decía que habían escupido su orgullo.
-
-
-
-
¿Qué pasa?, pregunté a Marina.
Me han abandonado, Lu. Yo creí que me quería, pero no era así...
A José, ¿le vas a decir?
¡¿Estás loca?! Estoy segura que le dirá a papá...
Me han abandonado, Lu. Yo creí que me quería, pero no era así...
A José, ¿le vas a decir?
¡¿Estás loca?! Estoy segura que le dirá a papá...
Siendo las 5 de la tarde, Luisiana aún salía del colegio. Papá me cogía muy fuerte de la mano.
Estaba muy molesto. Yo, por momentos, creía que ese día me iba a quedar manca. “No nos
vamos a mover de aquí hasta que tu hermana llegue”, dijo mi padre. Yo asentí.
Cuando Luisiana llegó, no pude contener las lágrimas. Solo hoy he podido imaginar todos los sentimientos que aparecieron en la memoria de mi padre ese día. La cogió del brazo. A mí, no me soltaba. Nos fuimos. Llegamos a casa. Atiné solo a correr a mi dormitorio. No vi más, ni quise escuchar tampoco.
4.
“¡Me revisó!” “¡¿Qué?!” “Me bajó el pantalón y me revisó... Me dijo que ya no era pura. Que ya
no era su hija. Que soy una maldición para su familia... Yo no entiendo, Lu. Yo no entiendo...”
Lloró desconsoladamente durante toda la noche. Luisiana estaba herida. Herida y muy confundida por lo que su padre había hecho. No entendía porqué la había “revisado”, ni porqué le había dicho eso.... Marina, también perdida, solo atinó a abrazarla. Lloró con ella. Las dos lloraban. No sabían exactamente porqué lo hacían. Solo lloraban.
5.
- He conocido al amor de mi vida, Lu! ¡Me ama, me adora! ¡Se quiere casar conmigo! ¡Me voy a ir con él!
No es necesario repetir la historia dos veces esta vez. Tampoco escribirla. Es más que certero el final de la historia. Es más, esto pasó muchas veces. Cada año, cada periodo de tiempo donde nosotros creíamos que pudimos aprender algo nuevo de nuestra vida: es mentira.
Ahí va lo primero: “La experiencia nunca ameritará con certeza la concreción del aprendizaje”. ¿Dónde está el aprendizaje entonces? Pues, he ahí el detalle...
6.
Cuando Luisiana llegó, no pude contener las lágrimas. Solo hoy he podido imaginar todos los sentimientos que aparecieron en la memoria de mi padre ese día. La cogió del brazo. A mí, no me soltaba. Nos fuimos. Llegamos a casa. Atiné solo a correr a mi dormitorio. No vi más, ni quise escuchar tampoco.
4.
“¡Me revisó!” “¡¿Qué?!” “Me bajó el pantalón y me revisó... Me dijo que ya no era pura. Que ya
no era su hija. Que soy una maldición para su familia... Yo no entiendo, Lu. Yo no entiendo...”
Lloró desconsoladamente durante toda la noche. Luisiana estaba herida. Herida y muy confundida por lo que su padre había hecho. No entendía porqué la había “revisado”, ni porqué le había dicho eso.... Marina, también perdida, solo atinó a abrazarla. Lloró con ella. Las dos lloraban. No sabían exactamente porqué lo hacían. Solo lloraban.
5.
- He conocido al amor de mi vida, Lu! ¡Me ama, me adora! ¡Se quiere casar conmigo! ¡Me voy a ir con él!
No es necesario repetir la historia dos veces esta vez. Tampoco escribirla. Es más que certero el final de la historia. Es más, esto pasó muchas veces. Cada año, cada periodo de tiempo donde nosotros creíamos que pudimos aprender algo nuevo de nuestra vida: es mentira.
Ahí va lo primero: “La experiencia nunca ameritará con certeza la concreción del aprendizaje”. ¿Dónde está el aprendizaje entonces? Pues, he ahí el detalle...
6.
“Y si le preguntas a papá”, sugiera Mariana. “¡¿Estas loca?! Me gritará y me dirá como siempre
que no diga cosas malas. Que me vaya al cuarto a rezar. Que soy muy niña. Que no ande
tentando al demonio... Hermanita, ¿qué hago?”
Desde lo más hondo de mi corazón –porque soy mujer, hija, hermana y muchas veces trato de tomar el papel de educadora- compadezco este aprendizaje sesgado. La mayoría de veces, “la prohibición es mucho más dañina que la ignorancia”. Hace que el alma de niño, por más edad - prudente- que se tenga, se revele ante la incógnita de saber algo más. De luchar contra lo no habido...
7.
“Yo sé que es una locura, pero lo yo lo amo. Nos amamos. Sé que saldremos adelante. El amor lo
puede todo. Soy feliz a su lado. Me voy a ir a con él”.
¿Reconocen esa historia? Yo me acuerdo puntualmente de cada letra que coloqué en esta hoja... Pero claro, el tiempo de estos hechos va en ascenso.... ¿Qué pasó? Otra vez ¿ está bien? “La experiencia nunca ameritará con certeza la concreción del aprendizaje”.
Se supone que ante lo ya aprendido, ya no habrá una experiencia similar... ¿Por qué hago tanto hincapié en esto? ¿Qué tengo que ver yo aquí?
Dentro del estudio del esoterismo y las ciencias espirituales, definimos puntualmente el estudio de nuestros caminos de vida en dos partes: el “futuro” y “el porvenir”.
“Cada ser humano que habita en la tierra, es la reencarnación de otro ser humano”. Así, nosotros tenemos varias vidas dentro de nosotros, varias personalidades; y estas, en determinados momentos, aparece y se revive esa experiencia de vida. ¿Eso es malo? ¿A todos les pasa?
Si supongamos que la encarnación pasada nuestra tuvo una vida llena de eventos banales y superficiales –o sea, excesos en el trago, alcohol y amistades- a una determinada edad; eso, damas y caballeros, sucederá con nosotros a esa edad puntual. Y sí, la historia se seguirá escribiendo, por los siglos de los siglos... Eso, damas y caballeros, eso se llama “porvenir”.
¿Qué es lo que marca la diferencia? ¿Piensan lo mismo que yo?
Descubrí, y sigo descubriendo con el tiempo cada aspecto particular de mis encarnaciones. Que pude ser una joven lleva de excesos desde los quince años, que pude estar tan vacía, tratando de llenar ese espacio con pasiones no existenciales; todas banales. Que a partir de eso, moriría en un determinado momento de mi vida; sí, me asesinarían. ¿Alucinante, no? Yo, muerta por alguien que no me quería ver viva.
Ahora, ¿qué pasó? Mi maestro dice que soy “el mejor ejemplo de todas las muchachas que han recibido un consejo de él. Mi padre espiritual –así lo llamo- me ha acompañado a lo largo de cinco hermosos años. Créanme, aún tengo mucho que aprender. Soy fiel a mis pensamientos, también a mis sentimientos. Día a día corrijo el orden de mis reencarnaciones; edifico mi vida. Creo una nueva.
Desde lo más hondo de mi corazón –porque soy mujer, hija, hermana y muchas veces trato de tomar el papel de educadora- compadezco este aprendizaje sesgado. La mayoría de veces, “la prohibición es mucho más dañina que la ignorancia”. Hace que el alma de niño, por más edad - prudente- que se tenga, se revele ante la incógnita de saber algo más. De luchar contra lo no habido...
7.
“Yo sé que es una locura, pero lo yo lo amo. Nos amamos. Sé que saldremos adelante. El amor lo
puede todo. Soy feliz a su lado. Me voy a ir a con él”.
¿Reconocen esa historia? Yo me acuerdo puntualmente de cada letra que coloqué en esta hoja... Pero claro, el tiempo de estos hechos va en ascenso.... ¿Qué pasó? Otra vez ¿ está bien? “La experiencia nunca ameritará con certeza la concreción del aprendizaje”.
Se supone que ante lo ya aprendido, ya no habrá una experiencia similar... ¿Por qué hago tanto hincapié en esto? ¿Qué tengo que ver yo aquí?
Dentro del estudio del esoterismo y las ciencias espirituales, definimos puntualmente el estudio de nuestros caminos de vida en dos partes: el “futuro” y “el porvenir”.
“Cada ser humano que habita en la tierra, es la reencarnación de otro ser humano”. Así, nosotros tenemos varias vidas dentro de nosotros, varias personalidades; y estas, en determinados momentos, aparece y se revive esa experiencia de vida. ¿Eso es malo? ¿A todos les pasa?
Si supongamos que la encarnación pasada nuestra tuvo una vida llena de eventos banales y superficiales –o sea, excesos en el trago, alcohol y amistades- a una determinada edad; eso, damas y caballeros, sucederá con nosotros a esa edad puntual. Y sí, la historia se seguirá escribiendo, por los siglos de los siglos... Eso, damas y caballeros, eso se llama “porvenir”.
¿Qué es lo que marca la diferencia? ¿Piensan lo mismo que yo?
Descubrí, y sigo descubriendo con el tiempo cada aspecto particular de mis encarnaciones. Que pude ser una joven lleva de excesos desde los quince años, que pude estar tan vacía, tratando de llenar ese espacio con pasiones no existenciales; todas banales. Que a partir de eso, moriría en un determinado momento de mi vida; sí, me asesinarían. ¿Alucinante, no? Yo, muerta por alguien que no me quería ver viva.
Ahora, ¿qué pasó? Mi maestro dice que soy “el mejor ejemplo de todas las muchachas que han recibido un consejo de él. Mi padre espiritual –así lo llamo- me ha acompañado a lo largo de cinco hermosos años. Créanme, aún tengo mucho que aprender. Soy fiel a mis pensamientos, también a mis sentimientos. Día a día corrijo el orden de mis reencarnaciones; edifico mi vida. Creo una nueva.
Sí. ¡Por Dios que sí! Que es difícil. Que a veces tengo muchas ganas de vivir; de probar lo desconocido, de creer en lo infinito; pero todos somos humanos. Nos podemos equivocar. Ahora, no debe existir lo que se denomina “equivocarse más de dos veces”. ¿Por qué sucede? Porque no internalizamos el aprendizaje vivido. ¿Porqué? Porque simplemente, nadie nos dice qué está bien y qué está mal.
Ahora, comprendo total y profundamente, el aprendizaje vacío y errado de nuestra protagonista, Mariana. El problema, no es si está bien o mal, el problema es qué puede hacer ella frente a esto.
Sí, damas y caballeros. Tengo tanta suerte de escribir esto, y decirles que conozco a muchas personas que aún no se los he contado.
¿Qué es esto? Esto es una parte de mi vida, netamente karmática. Ahora entiendo, no todos tienen la suerte de velar por nuestra alma, de arrepentirse y empezar a aprender nuevamente, si quisiera de mirar al pasado, para recordar que fuimos, y qué queremos ser...
Es un proceso donde necesitamos mucha paciencia, muchas lágrimas derramadas. Recordar que somos una creación perfectamente imperfecta; y que eso es nuestra belleza.
Ahora, ciertas cosas muy puntuales que espero sirvan de reflexión. A ver si algún día me animo a escribir de esto:
“No hagas justicia sin misericordia, ni otorgues misericordia sin justicia”. Recuerda siempre que todos somos juzgados por la misma vara divina. Nadie es perfecto.
“Aprender de los errores es lo más satisfactorio de una caída”. Ahora, no volver a caer es lo más hermoso cuando tienes a alguien que a pesar de saber quien fuiste, quiere crecer contigo.
Amor no es un sentimiento, es una obligación. Una realidad muy prudente que debe ser tomada con mucho respecto y madurez. Amor no es sexo. Amor no es exceso. Amor no es vanidad. Las personas que desde muy chicas empiezan a camuflar el sexo con el amor, la malgastan; cuando llegan a una edad prudente, esa fuerza que se debe entregar a su pareja de toda la vida, desaparece. No existe ese vigor ni esa entrega con esa enegía tan poderosa. Tus energías fueron mal gastadas.
Lamentablemente, ya no vivirás un matrimonio pleno. ¿Por qué? Líneas arriba podrán responder esa pregunta...
Así, “ama la vida y enseña que la vida necesita ser amada, no simplemente utilizada”. Muchos de los grandes éxitos que nos prometemos alcanzar, están guiadas por una nulidad de amor a nuestras vidas. No uses tu vida para ganar dinero; ama tu vida para ameritar todo lo que tú desees, y enseña. Solo así, podrás disfrutar de la plenitud que es vivir. Haz el bien.
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