domingo, 12 de agosto de 2012

12.5.12

Luego de mucho tiempo, logras ver el alba;. 
Esa tan delicada serata que nuestros ojos estallaron en olvido, en perdón y en una resignación sana y duradera.

Ya no creía que aquella luz conjugada era tan divina; humilde, dulce y delicada. Yo, como en cada cuarto menguante, reí.

Era hermoso, las sólidas notas, no existían medios tonos. 
Era inútil, las claras estrellas, yo deseaba con mucho ahínco repicar en ese compás. El ligado era precioso, era mi turno: mi oportunidad.

Regresé dos veces seguidas al santuario del Edén; había recapitulado mi repertorio; día tras día resonaron cada nota en mi alma. "No importa algún momento frívolo", me replicaron. Somos humanos. Vive.

La nueva carta emitía aquella belleza nítida, los claros sauces aullaban sus penas; aquella hermosa melodía que no distinguía medios tonos. Yo lo escuchaba todo. 

Eran mis épocas, mis momentos, mi vida, mi hermosa y vana consecuente eternidad. Aquella que encierra mis llantos, yo la admiraba. Tiene dos hijos, muchos panales de abejas, un hermoso sol. 

¿Cómo se llamaba? Era bella y hermosa. Aquella beldad era realmente grandiosa. Sus tules repicaban. Los honorables jazmines y la bandada de aves cuya fugacidad era incomparable. 

Dame la mano para poder volar hacia el crepúsculo más próximo. Somos hijos del mismo maestro. Las hazañas son cada vez más magníficas. ¿Qué me dices? ¿Somos dos? Somos uno. Cantamos bellos cánticos. Resuena en tu mirada Ayer lloraste. Recuerda al ángel. Somos uno. ¿Qué ves? Realmente somos uno

Mapache

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