Yo toqué la puerta. Carol me abrió. Descubrí sus ojos ya vidriosos. La lágrimas no cayeron, pero para mí, ella me decía que había escupido su orgullo.
- ¿En qué piensas?, pregunté a Carol.
- En lo que me pasó hoy pues, Anita. Nunca me había sucedido.
- A José, ¿le vas a decir?
- ¡¿Estás loca?! Estoy segura que le dirá a papá…
Siendo las 5 de la tarde, Carol aún salía del colegio. Papá me cogía muy fuerte de la mano. Estaba muy molesto. Yo, por momentos creía que ese día me iba a quedar manca. “No nos vamos a mover de aquí hasta que tu hermana llegue”, dijo mi padre. Yo asentí.
Cuando Carol llegó, no pude contener las lágrimas. Solo hoy he podido imaginar todos los sentimientos que aparecieron en la memoria de mi padre ese día. La cogió del brazo. A mí, no me soltaba. Nos fuimos. Llegamos a casa. Atiné solo a correr a mi dormitorio. No vi más, ni quise escuchar tampoco.
Mapache.
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