Había llegado el sol en invierno; que la vida es un misterio y que todos somos escultores de la realidad más abstracta que existe en el pensamiento; aquella que usas para vivir.
Oraciones apáticas que predicabas en cada posta; nada era tan verdadero como la cruel certeza de saber que eres humana y débil.
Había llegado el sol en invierno, el granizado tan denso había ya picado tu dócil piel; estabas intacta, aún. Había llegado el sol en invierno; nuestros sueños volaban sobre una neblina frígida; era tu droga, te hundías y vivías cada día más perdida en un oscuro recelo por huir; era sublime y tóxico; era verdad.
Había llegado el sol en invierno; una suave cortina de paz corregía aquellas huellas erróneas; pisadas temerosas; caminos inconclusos; las elevó. Ese mar de donde nace vida los disipó.
Había llegado el sol en invierno, descubres en cada campanada, luego que el alba se deja ver; que en invierno nunca hace calor.
Mapache.
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