sábado, 14 de enero de 2012

Vivirás eternamente


I. Como vida sin agua.

Siendo las dos de la mañana, Camila llamó por teléfono:

- Todavía no llega.

Su voz era calma y no reflejaba aquel lazo tan fuerte que su alma hubo reconocido hace un tiempo.

- No pretendo esperar más. Me voy.

Sentí que una corrIente fría estrangulaba mi garganta. Ella estaba a punto de partir y yo, sentada en el pequeño sofá de mi habitacion, atiné a llorar silenciosamente. La quietud del alba que aún llegaba, me imploraba por momentos, cada vez más fuerte, "hoy aprendiste a perder..."


II. Respirando humo blanco.

- Qué crees que significa para ti que haya llegado el medio día y tú no hayas concluido con tu parte del trato?

No podía abrir los ojos. El plomo que desbordaba de ese viejo pistón; ese que Norman usaba desde que tiene memoria, había consumido mis neuronas. Pepa fugó mucho antes de que él llegara. Yo, aún podía abrir los ojos.

- Quítame esa pistola de la cabeza, Norman. No te diré nada hasta que te calmes.

Norman, el hombre más viejo del clan; era también el que más problemas tenía y a veces su experiencia no le indicaba más que obedecer.

- Te crees muy lista, no? Levántate, mierda! Shujey está hirviendo de cólera. Sara está muerta ya.

Nunca me sorprendió que la asiática loca tuviera al anciano de ese humor. Él ya le había vendido su alma. Ella le daba solo tierra.

- Oye Norman. Tu no entiendes, no? No te das cuenta que yo ya no tengo la culpa? Pepa nunca fue legal.  Te engañó, nos engañó. A caso eres...

Dos disparos le atacaron el pecho y la sien. Norman, indignado, gritó "perra falsa traidora". Su inconsciente buscaba más acción, pero todo hubo terminado cuando recordó a Sara muerta también.


III. Repitiendo silenciosamente.

- Déjame pasar.

- Dame santo y seña, preciosa. Un besito para Danilo también.

- Te voy a reventar el estómago a balazos, imbécil. He dicho que me dejes pasar.

- Mira muñeca. Si no me hablas bonito, la que aquí va a pagar caro es otra...

A punto de sacar el revólver, un hombre aparece. La mira fijamente. La reta.

- Déjeme pasar.

- Shujey sabe que has venido.


IV. Aún en invierno.

Derramaba sangre y vergüenza en cada paso que le obligaban a dar. Faltaba tan poco para que la cargasen; el orgullo de la más grande la colgaba de un hilo. Shujey no la pudo reconocer. Luego, cerró los ojos.

- Te crees muy listo, no?

- Te lo juro que yo ni la toqué. Te lo juro, reina. Te lo juro.

- Calla, bastardo! No te das cuenta que es una excusa para deshacerme de ti? Ya no me sirves. Ya no te quiero a mi lado.

- Reina. Reina yo no tengo la culpa de nada, reina. Rei...

Cayó de nuevo ese manto frío a lo lejos. Las ventanas estallaban en hechos que jamás serían descubiertos.

- Llama al inepto de tu hermano. Recoge a tu padre y  limpia la mugre de mi sala. Esas zorras han sido una carga muy grande para mí.

- Norman dejó la lista de las nuevas, reina. Yo me ocupo de eso.

- Muy eficiente, cachorro. Te pareces mucho a tu padre.

La luz congeló su bella sonrisa inescrupulosa. Sus ojos codensaban una paz quieta; sin razón.

-  Mañana quiero todo en orden. Buenas noches, bebé.

- Buenas noches, reina.




Mapache. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario