lunes, 9 de julio de 2012

Dos mitad y esos rostros tan tersos

de Imaginuición: Vértebras sofisticadas: 

Acababa de irse la primera mitad del día y María Joaquina al fin entendía que su madre estaba partiendo para nunca más volver.
Roberto, entre sus manos, tenía una pequeña carta donde le decía a Gloria que si ella se iba, él moriría. Siempre fue ese tipo de personas un tanto retraídas por el optimismo tan bravo que exige la vida día a día. Casi le entrega la carta. No lo hizo; Gloria no se fue. 
"Estás loca", era una de las frases que Rosario escuchaba constantemente en su hogar. Esa fue una de las tantas razones que le dieron el sí a su descarrilada decisión. Roberto estaba a punto de unírseles al clan. María Joaquina aún seguía atónita y con un gran sentimiento de desesperación que ni ella misma entendía. Estaba callada aún, observando detenidamente. Sin embargo, eso no fue suficiente para proceder a interrumpir primera desgracia más grande de su vida. Gloria la contradeció. Rosario ya estaba fuera. Roberto, con el primer último nudo en la garganta, solo atinó a decirle:"Te arrepentirás".  Solo, él era incapaz de tocarla, pero MJ, cuando haya entendido el cuadro completo, podría actuar con ese don de justicia que adquieren los hijos y padres entre ellos. Y, ya en este caso, esa cruel no despedida, fue el primer último hachazo "cortar la vida" y "vivir de nuevo".
Ella, atónita y temerosa, miraba el horizonte. Aún tenía palabras en sus labios, ni un llanto tenue apareció. MJ, solo sintió que la vida sería diferente en adelante.

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